El término «cluster» fue acuñado por Porter en su estudio sobre la ventaja competitiva
de las naciones (Porter, 1990), en el que consideraba que la agrupación de empresas y
su correspondiente especialización en determinadas actividades productivas contribuía
favorablemente sobre los cuatro polos del diamante que explica la ventaja competitiva1.
No obstante, el concepto de la agrupación empresarial ya había sido estudiado por
Marshall que en 1920 propuso el término «distrito industrial» para denominar a la agrupación
en un territorio de pequeñas empresas de características similares, que tratan de
mejorar su productividad como consecuencia de la división del trabajo entre las mismas
(Marshall, 1920; 1923)
Debido a que no es objeto de este trabajo profundizar en dicha variedad terminológica
y conceptual, utilizaremos el término cluster definido como una concentración geográfica
de empresas e instituciones conexas, pertenecientes a un campo concreto, unidas
por rasgos comunes y complementarias entre sí (Porter, 1999; p.199). Así, los clusters se
extienden verticalmente en la cadena de valor incluyendo a proveedores e industrias auxiliares
y lateralmente (horizontalmente o transversalmente) hasta la tecnología y sectores
relacionados. Muchos además suelen incluir instituciones públicas, educativas (universidades,
centros especializados de formación...), parques tecnológicos y servicios de
información, reciclaje y apoyo técnico.
Un cluster representa una forma de agrupación diferente a la tradicional, por lo que
no deben confundirse con otro tipo de agrupaciones como las asociaciones sectoriales
(OCDE, 1999; p.85).
Una de las principales características que definen el cluster es su dimensión cooperativa,
tal y como se ha señalado anteriormente. No obstante, no debemos olvidar que muchas
de las empresas siguen siendo competidoras.
En la actualidad y más concretamente entre las empresas miembros de un cluster, la
competencia más interesante no es la competencia en precios, sino la que se produce
como consecuencia de la capacidad innovadora de las empresas; es decir, la competencia
derivada de la creación de nuevos productos, el desarrollo de nuevas tecnologías, la detección
de nuevas necesidades, las nuevas formas de organización y gestión, entre otras
(Otatti, 1996; p.90)
Grajirena, J.. (2003). Los clusters como fuente de competitividad: el caso de la Comunidad Autónoma del País Vasco. 2017, de Universidad del País Vasco Sitio web: http://www.sc.ehu.es/oewhesai/Clusters%20como%20fuente%20de%20competitividad.pdf
PORTER, M. (1990): The Competitive Advantage of Nations, Free Press.
PORTER, M. (1999): Ser competitivo, Ed. Deusto, Bilbao
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